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Las Navas de Tolosa y cómo las monjas de San Clemente salvaron a Toledo del hambre

By 05/05/2020 mayo 11th, 2020 No Comments

En la novela, el convento de San Clemente es uno de los escenarios principales. Allí conviven un grupo de novicias y de monjas que cambiarán su tradicional forma de vida y se convertirán en poco menos que detectives. De la mano de Gabriela, la monja más vieja de Toledo, junto a un grupo de sus discípulas se pondrán las chilabas para pasar inadvertidas a ojos de los toledanos y salvar el prestigio del noviciado.  

convento de San Clemente

El convento de San Clemente se ubica en la parte más alta de Toledo. Fue uno de los primeros conventos levantados tras la reconquista. Si bien nació extramuros de la ciudad, posteriormente fue trasladado al interior por Alfonso VII. Muchos atribuyen a este noviciado, aunque no deja de ser una leyenda, la invención del mazapán. Dicha leyenda pone el ojo en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, que tuvo lugar en el año 1212. Cuando el hambre se extendía por Toledo, las madres de San Clemente rebuscaron en sus alacenas y solo encontraron azúcar y almendras. De algún modo, hallaron la manera de mezclar los ingredientes y conservarlos durante meses, lo que solucionó el problema de la hambruna en la ciudad y evitó muchas muertes.  

Si uno repasa el maravilloso recetario histórico de Farouk Mardam-Bey, La cocina de Ziryab, se da cuenta de que, judíos, musulmanes y cristianos contaban con recetas muy parecidas. Y es que, desde mucho antes del siglo XIII, el azúcar y las almendras eran ingredientes habituales en las despensas de todo el mundo. No había que ser alquimista para mezclar dichas materias primas y transformarlas en esa pasta blanquecina, que, una vez horneada, se convierte en un delicioso dulce. 

Leyendas aparte, el prestigio de San Clemente en la actualidad está ligado al mazapán. Las monjas del convento llevan siglos elaborándolo de manera tradicional. Claustros adentro, donde se sitúa la cocina, expuestos en una vitrina, se conservan los cuencos y las mazas que las monjas utilizaron en 1212 para preparar los primeros dulces. No obstante, el nombre que decidieron otorgarle a la azucarada confitura no pudo ser más apropiado: maza (la herramienta que utilizaron para romper las almendras) y pan (la masa resultante de la mezcla). 

 

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