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Puente de San Martin

Toledo, año 1266: alma de poeta y militar

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En la fantástica obra del historiador e investigador Louis Cardaillac Toledo, Siglos XII y XIII. Musulmanes, cristianos y judíos: la sabiduría y la tolerancia, la Toledo del año 1266 aparece reflejada como una urbe en la que conviven 30.000 personas de diferente condición: cristianos, mozárabes, mudéjares, judíos y cautivos se entremezclan a diario. Pero por encima de ello, se nos advierte de que la urbe comparte dos tipos de alma: la de militar y la de poeta.  

Como he explicado en artículos anteriores, Toledo fue una ciudad fronteriza que se vio inmersa en conflictos bélicos durante siglos. No es de extrañar, por tanto, que la urbe contara con una fuerte presencia militar entre sus habitantes. Pero, a diferencia de otras muchas ciudades militarizadas, en Toledo se congregaban un número considerable de estudiosos. Muchos de ellos llegaban desde Francia, Inglaterra, Alemania llamados por el brillo de la Escuela de Traductores y, fascinados por la atmósfera cultural, se instalaban definitivamente en la ciudad. 

Pero habría que echar la vista atrás para entender que Toledo no fue sino el punto final d Estudios Andalucese una tradición orientalista de la cultura. Ciudades como la Bagdad de los abasidas, donde la pluma valía tanto como la espada, preñó de talento a la reluciente Córdoba de los omeyas muchos siglos atrás. Cuando surgió la descomposición del Califato de Córdoba y se crearon los reinos de taifas, algunos de los sabios musulmanes se desplazaron a la Toledo musulmana. La filosofía, la literatura, la poesía, la astronomía, las matemáticas, las ciencias en general germinaron de tal modo en Toledo que contribuyeron a construir una sociedad culta y formada. De esta tradición se irían contagiando a posteriori los reyes cristianos, entre ellos Alfonso X, que promovió las artes y las ciencias entre sus súbditos, creando una rica miscelánea.

En la novela, el arzobispo Sancho de Aragón le pregunta lo siguiente a Ashir, el prestamista: 

¿Por qué elegisteis la iglesia de San Román para casar a vuestra hija? Es casi como un templo musulmán.  

El prestamista le responde: 

—¿Y no es Toledo un reflejo de la antigua Bagdad, de la antigua Damasco? 

Así pues, tenemos el Toledo en guerra, como concepto de destrucción de las sociedades y el ser humano y, por otro lado, la cultura como la regeneradora de las heridas y el entendimiento entre comunidades. Esta atípica mezcla fue un caldo de cultivo propicio para crear una especie de orgullo toledano que dio lugar a hechos insólitos. La siguiente anécdota lo ilustra de modo claro. En el año 1212, cruzados ultrapirenaicos llegaron a Toledo para ayudar a sus hermanos cristianos a hacer la batalla en las Navas de Tolosa. Cuando vieron a los judíos por la ciudad trataron de atacarlos, pero los vecinos toledanos salieron en su defensa impidiéndoselo. No solo sefardíes sino también, mudéjares y cristianos.  

 Si quieres adentrarte aún más en la sociedad toledana del siglo XII, te invito a conocer La judería de Toledo: una ciudad dentro de una ciudad.

Judería de Toledo

La judería de Toledo: una ciudad dentro de una ciudad

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La judería toledana es el barrio donde ocurren los lances más misteriosos y determinantes de la novela. Un entorno donde Ashir, el prestamista, fija su objetivo. Por su casa van desfilando los actores de la novela y con cada conversación se destapará una nueva incógnita.   

En el siglo XIII, la muralla de la ciudad y el propio río Tajo convertían Toledo en una ciudad fortificada. Asimismo, la aljama se encontraba circundada por una muralla que la salvaguardaba de las amenazas de la propia urbe. En su interior había un castillo, hornos, un mercado, una sinagoga, baños y, además, las viviendas de los sefardíes. La aljama operaba como una especie de ciudad independiente. Si bien parte de los sefardíes tenían sus negocios en la alcaná mercado próximo a la Catedral y de tradición hebrea la mayoría de los vecinos no se aventuraban a salir de la judería. Especialmente las mujeres.  

Las calles de la judería eran de geometría imposible, escaleras que no llevaban a ninguna parte, calles con entrada, pero sin salida. mapa de Toledo

Muchas de las familias ricas de la época poseían casas con patios independientes. Levantaban sus viviendas sobre muros exteriores y les añadían puertas falsas para confundir a los ladrones. No es de extrañar que tomaran estas precauciones, pues normalmente eran mirados con recelo por sus vecinos cristianos y se les humillaba públicamente al tener que otorgar 30 monedas de plana al arzobispado todos los años de manera simbólica, por la traición de judas a Cristo. Además, muchos de los prestadores de dinero sefardíes vivían alquilados en la aljama a pesar de poseer numerosas viviendas en el resto de la ciudad, fruto de impagos de cristianos.   

En el año 1266, se extiende el rumor de que el rey Alfonso X pretende rebajar las imposiciones prestatarias de los usureros judíos. Del 33 por ciento al 25 por ciento, por considerarlas abusivas. En la novela este es el desencadenante que motiva la reacción de Ashir, el prestamista. Intuye que los tiempos prósperos para los sefardíes de Toledo están a punto de cambiar y decide tomar cartas en el asunto. Realizará un movimiento que puede costarle el desprecio de su comunidad y llevarle a la muerte 

Si quieres conocer más curiosidades sobre la ciudad de Toledo en el Siglo XIII te invito a visitar La Catedral de Toledo: una frontera entre el bien y el mal.

Catedral de Toledo

La Catedral de Toledo: una frontera entre el bien y el mal

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En la novela la importancia de la catedral de Toledo es sustantiva. Aunque en el año 1266 se encontraba en plena construcción y tardaría siglos en completarse, he decidido incluir el cabildo de Toledo en un área determinada de este edificio. Si bien, nadie sabe en qué parte de Toledo estuvo ubicado este departamento que se dedicaba a controlar las cuentas de la diócesis.  

La catedral de Toledo fue una pica entre dos fronteras. Durante bastante tiempo, Toledo fue la línea que dividía el mundo musulmán del cristiano. Una frontera difusa donde la mezcla de estilos arquitectónicos y la cultura se fusionaron, convirtiendo la ciudad en una cosa folclórica, que desde Roma temían y desde Andalucía admiraban. La obra, de estilo gótico y promovida por el arzobispo todoterreno Ximénez de Rada no pretendía otra cosa que afianzar la idea del cristianismo del rito romano y cerrar la puerta de una vez por todas al antiguo rito visig odo (mozárabes-cristianos arabizados). Este último enlazado fuertemente con las tradiciones musulmanas. Pero la idea de la construcción de la catedral tenía que ver con la necesidad de crear una conciencia cristiana, para que los musulmanes no tuvieran la tentación de volver a invadir la ciudad. Como he anotado antes, el templo tardaría siglos en construirse. Para solucionar este problema, decidieron sembrar la ciudad de iglesias latinas y erigir un enorme claustro en las inmediaciones de la catedral que asentara las bases de una cantera de devotos, ejemplo para los toledanos.  

Retablo Catedral Toledo En la novela, es a raíz de la construcción del claustro que se genera el problema entre Ashir, el prestamista, y el arzobispado toledano. Un problema que involucra los intereses de la diócesis, el rey Alfonso X y la misma Roma. Un asunto político y religioso del que depende no solo la ciudad, sino también la integridad católica.   

Si quieres conocer más curiosidades y tradiciones del Toledo del Siglo XIII te invito a leer Cómo las monjas de San Clemente salvaron a Toledo del hambre.

Aquí abajo puedes dejar tus comentarios y opiniones. ¡Nos vemos en la próxima historia!

Retblo iglesia de San Roman

Convivencia en el Toledo de musulmanes, judíos y cristianos: la parroquia de San Román

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La convivencia entre culturas en el Toledo de musulmanes, judíos y cristianos, ¿era tan pacífica como pensamos? haciendo un repaso de su arquitectura y literatura intentamos responder a una cuestión que muchos de nosotros nos hemos preguntado.

La iglesia de San Román es en la novela el centro neurálgico de la trama. Es la casa de los que se esconden porque temen por su vida y el centro de la diana para sus perseguidores. Manuel de Oligues Pandueza es el cura de una variopinta parroquia que parece más una mezquita que a un templo cristiano. Desde su alminar, el cura puede divisar toda la ciudad, pues ese es el punto más alto de Toledo: treinta mil hormigas que cargan con sus problemas a la espalda, y un buen puñado de secretos.

Cuando me documentaba para escribir la novela, me surgió la misma pregunta que a todos los historiadores: ¿Fue Toledo en realidad un ejemplo de convivencia? La cuestión no es sencilla de responder. Si uno transita por sus calles y comprueba la variedad de edificios religiosos y la mezcla de arquitecturas puede llegar a una conclusión sencilla: sí que fue un ejemplo de convivencia. Pero cuando examina con cuidado las 7 Partidas de Alfonso X El Sabio, un texto jurídico basado en el derecho romano, cae en la cuenta de que Toledo fue un lugar en donde la intolerancia y la esclavitud eran norma. No obstante, esta última conclusión entra en conflicto cuando este tratado se compara con los que existían en el resto de los países europeos en el siglo XIII. La persecución a la que fueron sometidos judíos y musulmanes fue a todas luces inhumana. No solo los apartaron de la vida pública, sino que fueron acosados hasta la muerte.

Pinturas Iglesia de San RománEn este caso, la iglesia de San Román es un claro ejemplo —al menos, en el sentido arquitectónico— de la colaboración entre culturas. Cuando uno se asoma al interior de esta parroquia de origen mozárabe no hay nada que haga sospechar que se trata de una iglesia del rito romano. No es solo por sus columnas en herradura o sus ventanas geminadas, también por su alminar y, sobre todo, por la ausencia de cuadros con santos asaeteados, vírgenes de rostros dolientes o querubines soportando el peso de los altares. Como argumenta el arzobispo de Toledo, Sancho de Aragón, en la novela: «En esta extraña parroquia se respira la paz de un día de verano». Ayudan a ello los maravillosos murales mudéjares de tonos ambarinos y la acogedora techumbre amaderada. Estos elementos convierten la iglesia en un tragaluz gigante, que tiñe de atardecer cada rincón. No existe, desde luego, ninguna sensación de frío y oscuridad.

Vidriera de iglesia de San Román

Entonces, ¿fue Toledo la ciudad de la convivencia? En comparación al norte de la península y al resto de los países, me atrevería a decir que sí hubo una convivencia que se fraguó a través de la cultura, la admiración entre mandatarios y, sobre todo, gracias al trasvase de información en todos los ámbitos y materias, que enriquecieron la calidad de vida de los toledanos. Si comparásemos sus leyes con las del resto de países en la segunda mitad del siglo XIII, no dudaríamos en afirmar que la relación entre religiones y culturas fue mucho más sana y provechosa en Toledo.

Te invito a conocer más curiosidades sobre el Toledo del S.XIII haciendo clic aquí.

Fotografía de Toledo

Las Navas de Tolosa y cómo las monjas de San Clemente salvaron a Toledo del hambre

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En la novela, el convento de San Clemente es uno de los escenarios principales. Allí conviven un grupo de novicias y de monjas que cambiarán su tradicional forma de vida y se convertirán en poco menos que detectives. De la mano de Gabriela, la monja más vieja de Toledo, junto a un grupo de sus discípulas se pondrán las chilabas para pasar inadvertidas a ojos de los toledanos y salvar el prestigio del noviciado.  

convento de San Clemente

El convento de San Clemente se ubica en la parte más alta de Toledo. Fue uno de los primeros conventos levantados tras la reconquista. Si bien nació extramuros de la ciudad, posteriormente fue trasladado al interior por Alfonso VII. Muchos atribuyen a este noviciado, aunque no deja de ser una leyenda, la invención del mazapán. Dicha leyenda pone el ojo en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, que tuvo lugar en el año 1212. Cuando el hambre se extendía por Toledo, las madres de San Clemente rebuscaron en sus alacenas y solo encontraron azúcar y almendras. De algún modo, hallaron la manera de mezclar los ingredientes y conservarlos durante meses, lo que solucionó el problema de la hambruna en la ciudad y evitó muchas muertes.  

Si uno repasa el maravilloso recetario histórico de Farouk Mardam-Bey, La cocina de Ziryab, se da cuenta de que, judíos, musulmanes y cristianos contaban con recetas muy parecidas. Y es que, desde mucho antes del siglo XIII, el azúcar y las almendras eran ingredientes habituales en las despensas de todo el mundo. No había que ser alquimista para mezclar dichas materias primas y transformarlas en esa pasta blanquecina, que, una vez horneada, se convierte en un delicioso dulce. 

Leyendas aparte, el prestigio de San Clemente en la actualidad está ligado al mazapán. Las monjas del convento llevan siglos elaborándolo de manera tradicional. Claustros adentro, donde se sitúa la cocina, expuestos en una vitrina, se conservan los cuencos y las mazas que las monjas utilizaron en 1212 para preparar los primeros dulces. No obstante, el nombre que decidieron otorgarle a la azucarada confitura no pudo ser más apropiado: maza (la herramienta que utilizaron para romper las almendras) y pan (la masa resultante de la mezcla). 

 

El Toledo del siglo XIII era un mundo de secretos al alcance de muy pocos.Acompáñanos para conocerlo

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